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Escuela romana (circa 1720) – Las cuatro partes del mundo: una alegoría de Asia

2.500,00 

Óleo sobre lienzo.

Dimensiones de la imagen sin marco: 82 x 106 cm

Detalles de la obra

TITULO

Escuela romana (circa 1720) – Las cuatro partes del mundo: una alegoría de Asia

TÉCNICA

Óleo sobre lienzo

AUTOR

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DIMENSIONES

82 x 106 cm

Descripción

Óleo sobre lienzo. Lienzo original. Formato rectangular con esquinas lobuladas que confieren a la pintura una apariencia suntuosa y arquitectónica. La proliferación de grabados alegóricos que representaban los cuatro continentes durante la Ilustración no fue simplemente un ejercicio de taxonomía artística, sino más bien la codificación visual de una hegemonía en expansión. En estas obras, Europa se personificaba generalmente como una figura soberana rodeada de símbolos de sabiduría y poder, mientras que los demás continentes se presentaban como proveedores de sensualidad exótica y recursos inagotables. Esta iconografía celebraba la naciente globalización bajo las potencias coloniales, donde el comercio con China —percibida como un imperio de refinamiento técnico pero estancamiento moral— y la explotación de especias y artículos de lujo tropicales se incorporaban a un discurso de triunfo civilizatorio. El grabado permitió a la élite intelectual europea «poseer» simbólicamente el mundo, reduciendo la complejidad de vastos territorios a un conjunto de atributos estéticos: la porcelana, las plumas de quetzal o el aroma del café se convirtieron en los trofeos de un orden mundial que la razón ilustrada buscaba organizar y explotar. Sin embargo, tras la elegancia del buril y el papel subyacía una contradicción ética que la filosofía de la época intentó resolver mediante el mito del «noble salvaje» o del «valiente salvaje». Esta idealización permitía admirar la pureza de los pueblos no europeos desde una distancia paternalista, justificando al mismo tiempo la esclavitud en nombre de una jerarquía natural de progreso. Mientras los filósofos debatían sobre los derechos universales, la economía de plantación y la trata de esclavos se legitimaban al construir al «Otro» como un ser necesitado de protección o como una máquina productiva desprovista de la autonomía racional característica del hombre europeo. Así, estas alegorías de los cuatro continentes actuaron como instrumento de propaganda intelectual: al representar a África o América como figuras fértiles o bárbaras, reforzaban la idea de que la dominación colonial no era simplemente un imperativo económico debido a las riquezas de los trópicos, sino un destino histórico ineludible dictado por la luz de la razón que solo Europa afirmaba poseer. Dimensiones de la imagen sin marco: 82 x 106 cm

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